domingo, 7 de febrero de 2010

lunes, 28 de septiembre de 2009


"La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa."

Immanuel Kant.

sábado, 22 de agosto de 2009

Fragilidad de lo visible



Somos polvo y sombra
Horacio.

Desde adolescente me obsesionó conocer en qué va transformando la poesía a su hacedor. Hay una ascensión de la palabra poética, un designio que señala permanencia en el hombre primordial, en el habitante desposado de su territorio. Una cosmogonía que cobija los mudos testimonios, las nuevas creaciones en las arenas y los cielos.

Más allá de la belleza de un poema, de su estructura, exigimos de lo poético un ahondar en lo esencial del ser humano. La poesía es un camino, un reintegrarse en lo universal. En el acto poético hay incantación, mito y autenticidad; una búsqueda de lo absoluto.

Toda poética pertenece al ámbito de las intenciones, a la intimidad del poeta. La evocación y la memoria son tamizadas en una permanente ondulación, un tiempo desprotegido, un atributo de la intemperie y de la soledad.

El poeta no debe perder la infancia, el sentido del asombro, la mirada transparente de la niñez. El verdadero poeta crece como el campesino, entre mitos y certezas, junto a la humildad de la hierba, en un estado cercano a la pureza, desechando los bienes materiales, entre los vaivenes de la pasión y el esplendor de los frutos. En el instante está la insurrección, la verdad de la conciencia y de la tierra, las dimensiones del alba y del atardecer. El diálogo abisal entre el ser y la nada. He aquí la realidad palpable, insurrecta, deslumbrante.

La poesía no puede ser otra cosa que una reintegración al mundo clásico, un ingrediente activo de la vida, vital, irrenunciable. Por eso engendra emoción y deseo, ilumina la verdad en una imagen abisal entre la conducta práctica y las posibilidades móviles del hombre. Es el signo del diálogo interior, la insatisfacción permanente que se aleja de filosofías sistemáticas o ideologías redentoras. Desde el poema avanzamos en un terreno fatídico. El poeta debe tener valor, pues no responde a cánones terrestres o celestiales. En cada acto una desesperada tentativa de salvación que fuga y retrocede forjando palabras, cincelando un ser ético y físico. A través de la palabra descubre la intersección de la vida y la creación. Inmanencia y trascendencia sobre cada cosa, como una despedida del instante cenital, de cada insospechada refracción que toma una naturaleza y un don esencial. Exalta la belleza desde la expresión verbal llevando su existencia, su corporeidad en un acto de devoción por el mundo.

La poesía nos ofrece el ensueño de voces infantiles; no la nostalgia indiscutible que tiene todo ser humano, sino las estancias del ser, la sublimación de la luz que hipnotiza la soledad del cuarto. Por eso registramos el follaje, la rama sensible al viento, la vela blanca en la bruma del mar. El poeta se abandona a la intuición, a la contemplación, al espacio que estremece desde el silencio de una visión inmóvil. Crea su infinito desde el gozo secreto. Lo rodea la infamia, la corrupción, la demencia de hembras alucinadas por la frustración, la desvergüenza de hombres hastiados. Pero su poética nos envuelve en un universo claro, una convicción íntima que hace sensible la palabra, voces modeladas por una mitología del desorden. La inmensidad está en nosotros como la insumisión.

Por momentos asombra en la despersonalización del verso y paralelamente afirma su subjetividad. Destierra el vacío creando los enigmas de lo poético, concilia libertad y destino, azar y fidelidad. Cristaliza y vulnera al amor, halla la medida de sí mismo entre las contradicciones, entre los fragmentos de lo cotidiano. Ofrece su respuesta desde la desesperación y la esperanza. Extrañamente ambiguo, integra la plenitud y el caos.

Sin recompensas futuras se sumerge en la naturaleza tantálica, en la revelación de los vínculos y los afectos. Sugiere un simbolismo sexual en la mujer deseada, en oposiciones increíbles y ciertas, en un fuego sustancial y mágico. La palabra será siempre un vehículo de una vida en permanente cambio, de confidencias; un peregrinaje misterioso y traslúcido.

Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible. Anhela la solidaridad entre forma y existencia, sufre la imperiosa necesidad del instante, esa fugacidad que emerge y se define por sí misma. Hay plenitud en lo dramático, éxtasis y continuidad que le dan fuerzas para enfrentar un mundo absurdo.
Hace falta ingenuidad. El placer de admirar, de evocar. Todo se experimenta a partir de la infancia, a partir de lo lúdico. Desde la franqueza hallamos felicidad; contra todo dogma enfrentamos las moradas de la supervivencias. El verdadero poeta cree en lo inconmensurable, en la utopía, en la sagrada unidad del silencio y la fraternidad. Detesta las ciudades, los partidos políticos, las capillas literarias, los dioses y los amos. Al cincelar el verso ofrece belleza, no sólo cristalina, otorga un contenido moral.

El ideal se carga de rebeldía, lleva implícito un sentido estético y ético. Allí el instante trascendente, la visión del universo. Y en ese acto de dispersión la armonía de la unidad. El oleaje y el combate de un único fundamento: la vida.

Pegame!



Yo se pegar, pegame!
Yo se pegar, pégame.
Tu violencia sin motivos solo demuestra tu oculta inseguridad.
Solo eres uno mas...
Tu violencia sin motivos me da risa.
¿A quien quieres engañar?.

El Jardin De Acracia.-



Non saprò nulla della mia vita
Salvatore Quasimodo
Duélete de mi señora.
Señora, duélete de mi,
de mi duélete.

Anónimo siglo XVI

I

Como un dolor la sirena del puerto. Y el tumulto en el río de los desaparecidos en reflejo ascendente. (Amigos, ella viene de mayo, de proclamas.) Y el temblor del alma bilingüe con su andar fugitivo, solitario. Después, manifestaciones y fatiga. Una mutación oye el saludo, noches que acarician ausencia, voces lastimadas, ahogándose.
Y la pobreza penetrando arrabales en un destierro de tristeza y desencanto. Desnuda, la amada separa las ardeduras de mis labios.


II

Todo es lejano y brumoso, una inocencia última. Padre, te estoy nombrando. Soy una fuga de la memoria, o mejor dicho, la memoria más la herida que has dejado, el legado del poema dentro de mí. Pasan las fuentes, el sol, las sombras. Voy mirando los rostros de viejos campesinos, una fotografía de Durruti, el desconsuelo en el anfiteatro de los Valles Calchaquíes, la resurrección de la doble realidad, la copla milenaria y la luna reflejada en el fantasma de Juan Galo Lavalle, una embriaguez rapsódica. Lo que fue esa mañana y ya no es, el murmullo del mar en una playa, el aire que se desvanece, el rumor vigilante de la castidad y la ternura, la perdida aldea del príncipe desterrado. ¡Cuánto he destruido al escribir el poema, cuánto he destruido! “Tengan piedad de mí -dijo Henri Michaux- viajero de tantos viajes sin valija.”


III

Padre, ahora que necesito de tu voz has partido. Sólo desconcierto indolente. La amada me pide que te busque. Me dice que la ausencia desvela al corazón perdido. Dejaste la bruma, la soledad que cuida su secreto, el verso de amor y de experiencia. Un consuelo que transita dormido y ciñe el gozo en el orden de los días. ¿Qué hago, padre, ahora que tienes la cabeza reclinada, oculta en una barca fenicia, inmemorial, entre tanta hipocresía y palabras inútiles?

IV

Como aquel que atento a la lucidez buscó su soledad, la percepción del límite, la noche traza su frontera. Inacabable penetra el recuerdo, amanece y distrae mi aliento. Así se encuentra el extravío. La quilla sobre la amargura de la usurpación. Entonces alcanzo a comprender que no nos salva el amor ni la esperanza.


V

¿Quién mueve en nosotros mitos altivos, espléndidos, o éstos muslos que surcan oleajes y dioses precarios? ¿Quién se desliza en la lubricidad del mar? ¿Cuál es el nombre de la rosa inagotable? ¿De dónde ésta pasión que es ansiedad y aladares sueltos sobre la certidumbre del asombro? Y estas orillas ¿de qué anverso nacen? En la somnolencia del tacto arden tempestad y secreto. -